Contenido por Juampa M. Sánchez

Sin titulo, Tona Morales, 2018. De su serie Los toritos de petate
El trabajo de este fotógrafo y gran amigo mío ha oscilado entre el reportaje, las imágenes publicitarias y un acercamiento más libre a la fotografía, artístico por así decirlo. Al día de hoy, me cuesta encasillarlo en alguna de estas categorías. Lo cierto es que la dirección que ha tomado últimamente apunta hacía la fotografía cinematográfica. A continuación intentaré, de manera muy breve, poner en palabras las apariencias que retrata Tona, y digo intentar, porque evidentemente el lenguaje escrito juega reglas distintas al visual. Me voy a permitir llamarlo Tona por la gran empatía que siento personalmente hacía él, además de que llamarlo Morales presupone un entendido de formalidad profesional que nunca ha existido entre nosotros. Y si bien, de querer hacerlo, podría convertir esto en su biografía no autorizada, ahora sólo hablaré de su trabajo.
Siempre he encontrado en sus fotografías una tendencia por cuadros amplios que buscan encerrar en un encuadre la mayor cantidad de texturas y elementos posibles, regularmente apoyándose de tomas angulares[1] y en ocasiones enfatizando un elemento protagonista de la escena (me refiero a uno o varios personajes u objetos) que encontramos frecuentemente al centro del encuadre (como en su serie La Otredad). Esta tendencia la ha perpetuado y pulido al paso de los años, logrando composiciones cada vez más complejas, además de figuras y líneas cada vez más pesadas. En sus fotografías incluso la línea del horizonte se percibe más contundente de lo habitual gracias a las sombras que envuelven a los elementos de escena y los fuertes contrastes que estas generan con las zonas luminosas. Son estas características, las sombras y contrastes, las que me gustaría agrupar bajo el término de oscuridad, y acompañarlo por el individuo, los dos elementos principales que conducen hoy en día el trabajo de Tona Morales.
Con oscuridad me refiero a la temática subyacente en sus fotografías, pocas veces tratada directamente, pero que se hace presente en la bidimensión gracias al uso de luces, sombras y contrastes. La luz natural, usada en la mayoría de sus fotografías, se usa con frecuencia para proyectar sombras que compiten mano a mano con las zonas luminosas. Estas secciones oscuras tienen un fuerte contraste con las luces delicadas y juguetonas que iluminan la imagen, luces que recuerdan a los destellos de las series de anime. Cuando se trata de luces de estudio el resultado es el mismo pero no se estanca en este efecto único, su habilidad técnica le ha permitido hacer lo que él quiera: desde lograr que un retrato luzca terrorifico mediante la proyección de las propias sombras del individuo frente a la cámara con luces rasantes, hasta hacer que un pastelillo se vea delicioso gracias a un juego de luces suaves. No obstante, la oscuridad es un tema que permea en su obra, no es de sorprender entonces lo poderosas que resultan sus sombras. Me recuerda a los entintados en las historietas de súper heroes, aquellos dibujos donde las sombras se modulan sólo con líneas y no con medias tintas, de modo que las zonas más oscuras se generan con manchas totalmente negras, cargadas de tinta. Podría afirmar que el carácter de sus fotografías encierra rasgos de la personalidad del artista, rasgos que se filtran en los encuadres a veces involuntariamente, que inspiran a encontrar oscuridad a donde sea que mire el lente de la cámara. Mi postura por tanto es abiertamente psico-biográfica ¿Por qué ocurre esto en Tona particularmente? Asuntos personales, que permanecerán pendientes, quizá para otro texto.
El segundo punto a tratar es el individuo. A Tona le fascina el individuo, lo mira como una explosión de historias que ruega por capturar en un clic. Su énfasis en texturas, colores y movimiento nunca es tan cuidadosa como cuando se trata de retratar personas. Él se mira en cada una de esas personas y desea llevarse ese instante consigo, capturando esa memoria como quien captura recuerdos en su cabeza. Como si quisiera narrar toda una vida en un instante tan ambiguo como una imagen aislada por el instante fotográfico puede llegar a ser. Lo comparo con tomar el grano de un arroz en un costal y a partir de este describir el resto del costal, es posible sólo si reduces a su concepto más básico el grano de arroz que tomaste y depositas este concepto en el resto de los demás. Sin embargo, es justo esto lo que Tona no quiere hacer. Las pequeñas diferencias entre cada arroz es aquello que le maravilla y de lo que no quisiera despegarse nunca. Con sus fotografías quiere aprender de la persona retratada por el resto de su vida y hacer que el espectador también logre tomar un poco de ese conocimiento. Sus retratos con frecuencia son acompañados de una descripción en la que narra su experiencia al retratar a esta persona y lo que pasaba en su cabeza al hacerlo o lo que aprendió al contactar con este alguien. Estas descripciones reafirman la voluntad de Tona de aferrarse a un momento subjetivo, tan subjetivo que podría decirse que su narrativa no apunta a ningún sitio que resulte reciproco para nadie. Ejercicios eminentemente romantizados. Yo creo que toma al individuo y luego lo dispara a todas direcciones. El espectador puede sentirse confundido ciertamente, sin saber la dirección de lo que está viendo. Pero también creo que Tona quiere que miremos directamente a los ojos del otro, es ahí donde encuentra esa subjetividad que tanto le inspira y que, en la práctica, tantas direcciones puede tomar. No obstante, en su serie La Otredad, cuestiono su uso del concepto que le da título, ya que más que reconocer a las personas retratadas como una otredad (el ajeno a mí, el extranjero, el terrorista para algunos) su intención se acerca más al entendimiento y a la empatía. Ante esta dicotomía: oscuridad/individuo, la obra de Tona nos dice que el otro (el individuo) puede refugiarnos de la oscuridad.

Sin título, Tona Morales, de su serie Venecia, 2015
Los invito a descubrir su trabajo por ustedes mismos:
http://elblogdetonam.blogspot.com/
https://www.instagram.com/tona_morales/
[1] Efecto fotográfico en que se deforman las líneas rectas haciéndolas parecer obtusas, lo que hace que los espacios se perciban más grandes de lo que son..
Hace unos meses, después de algunos minutos de scrolling en la cuenta de Instagram de Frank Coronado, quien fue el primer usuario que seguí de la rama de los travelers, llamó mi atención su proyecto fotográfico titulado Usted No Está Aquí. Este proyecto que fue recibido estupendamente en una galería de París, ahora mismo está siendo exhibido en Oaxaca y de hecho, continúa creciendo, alimentándose de los viajes de Coronado. Este proyecto no sólo me animó a pensar en el trasfondo de lo que representa, también me planteó cuestiones respecto a la producción misma de los usuarios de redes sociales que llamamos travelers.
Para comenzar, con este proyecto Coronado incursiona como fotógrafo y artista a escala internacional proponiendo una serie de fotografías que muestran una pelota roja colocada como sujeto principal y único, generalmente ubicada dentro de un paisaje característico del lugar donde se encuentre el viajero. La pelota en las fotografías funciona como un símil del punto rojo que plataformas como Google Maps utilizan para mostrar gráficamente la ubicación exacta del usuario. El artista hace hincapié en que los paisajes no buscan ser los más representativos del lugar en que se encuentra, en cambio, pretende retratar sitios que transmitan un espíritu autentico de determinado lugar. Coronado propone un sentimiento de nostalgia al explicar que, al colocar la pelota en donde él ha estado, guardará un recuerdo que va más allá de su presencia física, devolviéndole memorias de lo que el lugar representa para él y las emociones que le provocan o que bien podrían provocar en otras personas que también han estado ahí.[1]
No puedo cuestionar el romanticismo utilizado para argumentar que los buenos momentos ocurridos en ese lugar convierten a esas imágenes en poderosos dispositivos de memoria, ya que su experiencia emocional es puramente personal. Sin embargo, las imágenes dejan percibir una experiencia contemplativa e imaginativa más que nostálgica. La nostalgia, en este caso necesitaría ser más empática, pues si uno se atiene únicamente a las imágenes, esta es transmitida con dificultad, a menos que alguno de estos lugares en específico también haya sido significativo para el espectador. El problema yace en empatizar con el espectador para generar dicha nostalgia. Un problema que ha sido resuelto por muchos a lo largo de la historia del arte y que Coronado podría aportar con una nueva respuesta.
Una de las primeras impresiones que tuve al ver estas fotografías fue que en Usted No Está Aquí el fotógrafo expresa su presencia en el paisaje mostrando una extensión de sí mismo en forma de pelota roja, convirtiéndola en el único personaje de la escena: una experiencia individualizada idílica. Sólo el título de la serie envía el mensaje de que el espectador no está ahí, pero deja patente el hecho de que él sí lo está, sin nadie más a su alrededor. Nada que le quite merito a cierta expresividad, pero sin duda contrasta con la pregunta planteada: ¿cómo empatizar?
Encuentro entonces interesante analizar el contexto de esta producción: la visión del traveler. Aquellas celebridades que han ganado fama en plataformas como YouTube, Instagram o blogs personales en general, en cuyas fotografías, comúnmente financiadas por departamentos de turismo de los países visitados, aerolíneas o compañías privadas de tecnología o indumentaria, es común encontrar una extraordinaria calidad técnica (en el mejor de los casos) para retratar paisajes, personas o eventos folclóricos, mientras que su discurso es el de maravillar con la belleza aparente de lo retratado y poco más que eso, porque simplemente no es necesario ser más ambiciosos. Una cualidad que hace destacable el proyecto de Coronado es tener esa ambición y abrir las posibilidades de este mismo mercado hacia una propuesta dentro del mundo del arte, con el simple hecho de cargar sus imágenes con un argumento distinto al esperado y un símbolo tan trivial pero significativo como es una esfera roja. Un proyecto similar es el Red Ball Project de Kurt Perschke, un artista interesado en la arquitectura que se ha dedicado a colocar pelotas rojas gigantescas en distintas ciudades del mundo como intervenciones temporales de espacios públicos, generando así la interacción de los transeúntes con ellas y un atractivo turístico temporal. Dos proyectos que a pesar de compartir el del uso de pelotas rojas, difieren mucho en sus objetivos: mientras que en el caso de Coronado la meta es la imagen generada, en el segundo se trata de una obra volumétrica que intervendrá el paisaje durante un lapso determinado. En este sentido, la futilidad del momento en que la pelota se ha colocado y marchado del paisaje que retrata Coronado es tan poético como uno se lo permita. Según me enterado en una de sus entrevistas, es la misma pelota la que aparece en todas las fotografías.
Ahora bien, los travelers tratan temas siempre vistos a través del ojo especializado de quien busca vender un producto, imágenes que envían un mensaje casi nihilista respecto al momento retratado. No obstante, la razón por la que estos afamados usuarios de redes sociales (o influencers) destacan del resto de la cadena producción de imágenes turísticas y de unos de los otros, es porque aderezan su contenido con su personalidad, una personalidad que, a diferencia de las imágenes que producen, buscan ser empáticas con el espectador. Es él quien transmite empatía, con quienes el usuario común (el target market) llega a identificarse. Las imágenes donde su actitud no se asome, que en algunos casos suelen ser extrañas, son simple placer estético y su valor es ultimadamente propagandístico. Ellos son la razón por la que seguimos al pendiente de sus nuevas aventuras Las imágenes que presentan, por sí mismas dentro de este contexto, carecen de empatía. Y me refiero a las imágenes que retratan como aquellas carentes de empatía porque esa es justamente su intención: “esta imagen que aparento en tu pantalla no es tuya y es completamente ajena a ti, pero si inviertes tu dinero en tus próximas vacaciones, seguro nos sentiremos u más cómodos tú y yo”.
No es nada nuevo que la representación de paisajes sea movida por pulsiones lucrativas y de auto-reconocimiento, (en este caso: yo puedo apreciar esto que ves en la imagen y tú no) en realidad, ha sido así desde el principio del género pictórico[2] y la fotografía ha hecho lo mismo con sus propios medios, siendo una de las herramienta favoritas del capitalismo para distribuir y asegurar su doctrina desde los inicios de la reproducción de imágenes en masa.[3] Se trata de una práctica comprensible que se perpetuará por muchas generaciones venideras: pronto veremos de otra manera los paisajes marcianos y esta nueva visión encontrará su camino dentro del capital de algunos, a menos que para entonces un nuevo sistema de producción y conciencia haya desbancado a los actuales.
Entiendo la incursión de Coronado como artista y que como en cualquier transición, siempre habrá que hacer ajustes para acostumbrarse al nuevo terreno y crecer con él. Me parece un proyecto que si alimenta su corpus teórico y se plantea cuestiones más incisivas, puede dar mucho de sí, por lo que invito a la reflexión y a la investigación. Como lo anota Arthur C. Danto: «estamos en una época donde la filosofía ha rebasado la producción artística eminentemente visual».[4]
Sigan a Frank Coronado en Instagram (@fcoronado), lean las recomendaciones de los lugares de visita, sus consejos sobre fotografía y aprendan más de este y otro de sus proyectos en su sitio web.

Mostar, Bosnia-Herzegovina, Frank Coronado
[1] Coronado, F. Usted no está aquí. Extraído del blog personal del artista, disponible en: https://frankcoronado.com/usted-no-esta-aqui/
[2] Berger, John. “La pintura al óleo como medio de exaltación de poder”, en: Modos de ver, Barcelona: Gustavo Gili, 2000, pp. 45-63.
[3] Vease Berger, John “Usos de la fotografía” y “Apariencias”, en: Para entender la fotografía, Barcelona, Gutavo Gili, 2017.
[4] Danto, Arthur C. “Introducción: moderno, posmoderno y contemporáneo”, en: Después del fin del arte, España: Pardos, 1997, p. 38.
Fuentes consultadas
Berger, John “Usos de la fotografía” y “Apariencias”, en: Para entender la fotografía, Barcelona, Gutavo Gili, 2017.
Berger, John. “La pintura al óleo como medio de exaltación de poder”, en: Modos de ver, Barcelona: Gustavo Gili, 2000, pp. 45-63.
Coronado, F. Usted no está aquí. Extraído del blog personal del autor, disponible en: https://frankcoronado.com/usted-no-esta-aqui/
Danto, Arthur C. “Introducción: moderno, posmoderno y contemporáneo”, en: Después del fin del arte, España: Pardos, 1997, p. 38.
Este 14 de septiembre se entrena la nueva temporada de nuestro segundo caballo animado favorito, después de Spirit: el corcel indomable, el singular Bojack Horseman. Así que, después de dar un vistazo al primer trailer de la nueva temporada, no puedo evitar pensar que la serie de podría estar aterrizando en una zona de estabilidad poco atractiva. Si algo me atrajo en un primer momento a mí y a montones de espectadores alrededor del mundo a estar al pendiente de las peripecias de Bojack, fue la habilidad de los guionistas de presentarnos a un personaje vulnerable, con el que, a pesar de sus defectos de carácter (lujuria, baja autoestima, egoísmo, personalidad manipuladora, etc.), dejaba ver momentos donde era sencillo sentir profunda empatía. Y en efecto, no es la primera vez que un personaje de ficción nos inspira esto. Lo que hace particular a Bojack Horseman es que, por lo menos durante las dos primeras temporadas, demostró la posibilidad latente de un cambio hacia una mejor condición de vida para el protagonista y para los personajes secundarios. Es decir, parecía que había una línea argumentativa detrás que no sólo se limitaba a mostrar las desaventuras de los personajes una y otra vez, en un deja vu interminable donde los vicios de los personajes resultan insaciables. Vease Seinfeld, How I met Your Mother, Friends, Married with Children e incluso Sponge Bob Square Pants. De esta forma, la serie arremetía con humor en forma de ironía, sarcasmo, sátira, absurdos y juegos de palabras, muy al estilo americano, mientras hacía una solemne crítica al mundo del espectáculo de Hollywood.
Ahora bien, esta montaña rusa comenzó dejando caer cada vez más bajo al protagonista, sin dejar de lado la esperanza por un mejor futuro y mostrando los pequeños aprendizajes de Bojack. Una muy buena estrategia, hasta que, en la tercera temporada, pareciera que el equipo de producción y escritores se quedara sin ideas, no por que fueran ignorantes, sino por la presión que implica tomar a Bojack dentro de una dirección tan arriesgada como es el mejoramiento de su integridad como persona. Este acto, de no ser bien ejecutado, podría confundir mucho al espectador, aquel que busca presionar play y encontrarse con el mismo Bojack autodestructivo que conoció y amó durante dos temporadas. Justo como aquel que busca encontrarse con el mismo Barney Stintson todos los días durante nueve temporadas. No obstante, mantener la estabilidad con que han construido a Bojack, la de un personaje profundo, complejo, auténtico y por ende, verosímil, implica también un aprendizaje de su parte. Este aprendizaje es la parte que más complica a los productores y escritores. Es una nueva dirección que, hasta el momento, no ha mostrado señales de ser plausible. Si Bojack aprendiera de sus errores y buscara mejorar, especialmente después todas las terribles experiencias y los momentos reveladores por los que ha pasado, no sólo se volvería uno de los personajes más humanos con los que me haya topado, también continuaría con la credibilidad que se ha merecido. Porque simplemente es lo que sigue, aunque reitero, es una dirección riesgosa para el equipo detrás de nuestro relinchante amigo. Mientras tanto, este equipo se ha ocupado de hacer algunos cambios que desvíen la atención de su carencia más obvia durante la tercera y cuarta temporada, para mantener el entretenimiento andando; como introducir a Hollyhock, darle más peso a las absurdas hazañas de Todd, Mr. Peanutbutter e incluso a las aventuras de la obstinada Diane.
La quinta temporada podría sorprendernos, aunque sea en las últimas escenas, dejándonos ver a un Bojack que ha dejado de caer y se ha vuelto consiente de las acciones que debe tomar para mejorar. La prensa comienza a anunciarla como una temporada prometedora, que continúa entregando historias inteligentes y mucha pasión, pero es prensa especializada a la que debemos cuestionar constantemente. Mientras tanto, el trailer anuncia nuevas aventuras dentro del mundo del espectáculo, sets de filmación, las ridículas aventuras de Todd y Mr. Peanutbutter, cada cual por su cuenta y un nuevo corte de cabello de Diane. Cosas que honestamente es mucho de lo que queremos seguir viendo, pero esta comenzado a gastarse, si no es que ya lo hizo en la temporada pasada.

La 5a temporada de Bojack Horseman se estrena el próximo 14 de septiembre por Netflix.
El nuevo álbum de Post Malone, beerbongs & Bentleys me parece un producto lleno de rotundos éxitos, la combinatoria perfecta entre hip-hop, pop, trap y una sutil marca de elementos country (temas como el introductorio Paranoid y por supuesto, Stay, lo demuestran). Beerbongs & Bentleys se conviertió en disco de platino tan sólo cuatro días después de su lanzamiento y las causas de esto van más allá de la una colección de temas pegajosos con una producción impecable.
Aunado al fabuloso sequito de productores y distribuidores detrás de la música de Post hay que considerar que el tipo por sí mismo tiene un carisma distintivo, así como una particular forma de involucrarse en el mundo de las redes sociales; cosas que vienen muy bien para el desarrollo de su imagen pública-. El hecho de que tanto su carrera musical como su último lanzamiento sean dos productos perfectamente ensamblados por el capitalismo sólo hace que el factor de su personalidad sea perfectamente compatible con la producción que lo respalda. En su más reciente lanzamiento, Post presenta un argumento lineal de 64 minutos en el cual, como menciona The AtZ Show, se narra una historia de ruptura en una relación. Esta historia incluye fases de paranoía, infidelidad, desesperación y arrepentimiento, todo dentro de una atmosfera de riqueza material y fama; la dichosa vida de rockstar, una bandera que se vale más del estilo de vida que representa que del genero mismo. Las letras de las canciones no son un tema que me interese particularmente, pero creo que cumplen su función al punto de que no resultan estúpidas de entrada, nada que sea imposible de escuchar. Sí, algunas líneas son cuestionables: “Point her out so I can bag her if they just bring her to me (bring her to me)/I ain’t even see the face, but she got beautiful boobies”, pero ganan un poco de sentido si se considera que estamos en la parte de la narrativa donde él es infiel, más no justifica su contenido. Podría decirse que el espectro de públicos que buscan estas canciones está dirigido hacia escuchas acostumbrados a un sonido pop melódico y pegajoso, con letras sexuales con cierto respeto a una moral tambaleante, sin llegar a vulgarizar el acto sexual como algunos reggaetoneros o trappers de su generación, esa generación que ha salido de Soundcloud recientemente. Trappers cuya estética sigue la de Post Malone; los tatuajes en la cara ahora rompen records en streaming en lugar de culos como sólo la Mara Salvatrucha sabe hacerlo, y si bien está moda puede no haber llegado para quedarse, esos tatuajes sí. En este sentido, el elemento trap en este álbum es una constante, aquella en la que hemos estado atrapados y lo seguiremos estando siempre que este sonido continúe vendiendo tanto como hoy en día.
Volviendo al tema de las letras, el álbum está lleno de referencian que sacian con eficiencia los oídos de su generación, los ruidosos millenials. Desde comentarios sobre el flujo de la vida Instagram hasta líneas dedicadas a Edward Snowden o a Anthony Fantano, Post Malone y sus escritores saben captar la empatía de sus jóvenes escuchas y lo harán sin perder la línea argumentativa ampliamente incluyente que fascina a todos aquellos que busquen sonidos de moda con un brillo de la novedad y claro, también a escuchas ocasionales. En Zack and Codeine, por ejemplo, Post hace referencia directa a “Zack y Cody, gemelos en acción” (o The Sweet Life of Zack and Cody), un acto de dulce empatía con quienes tanto gusta jugar con la nostalgia; recordar “tiempos mejores” por miedo a lo venidero. No es nuestra culpa, tenemos razones para estar asustados. Esta nostalgia se ve reflejada en la fuente de los 2000’s empleada en el arte del álbum y la portada que asemeja un Compact Disc, una reapropiación de la estética que algún día hizo gritar a muchos al sostener en las manos algún álbum de NSYNC.

La duración del álbum puede ser un problema para la audiencia, 18 canciones suena tedioso para un disco con tan poca variedad temática, pero lo cierto es que esto no impide que la gente continúe escuchando las canciones, justo lo que las disqueras y servicios de streaming quienen. No es fortuito que la música dirigida a las masas se produzca en formatos de álbumes de una e incluso dos horas de duración. Spotify, Apple Music, Tidal o lo que te sea mejor, ganan más dinero mientras sus usuarios pasen más y más tiempo en sus plataformas, al igual que los artistas y sus productoras. Por otro lado, es interesante saber que el streamming permite conocer cuántas veces los usuarios están escuchando el nuevo lanzamiento, contrario a lo que ocurría cuando se tenía que comprar la música, ya que una vez consumido el álbum el consumidor bien podría haberlo tirado a la basura después de la primera escucha. La industria musical quiere ser escuchada y sabe cómo hacerlo.
Me parece que el nuevo álbum de Post Malone es bueno, muy bueno, pero no estoy seguro de cuánto durará este hype. Sólo una serie de eventos ajenos a nuestro control podría hacer que esta música perdurase, uno nunca sabe realmente cómo va a envejecer aquello que le apasiona hoy en día. Es melodioso, con beats potentes y me lo imagino sonando en las mejores fiestas, pero el que pueda perdurar en los oídos de muchos sólo dependerá de las habilidades compositivas del autor e intérprete en un futuro, así como de las decisiones de sus adinerados productores. Enhorabuena para Post Malone y el futuro del trap y el hip hop. Recomiendo a todos que lo escuchen y saquen sus propias conclusiones.
Aquí algunas otras fuentes de información:
Rolling Stone, Pitchfork, The Needle Drop

Juan Pablo Mora Stevens es un sujeto de 34 años, estudiante de maestría en Banca y Finanzas Administrativas y admirador de los traseros de los corgies, las plantas zamioculcas y las incoherencias.
Una Mujer Fantástica es la más reciente película del aclamado director chileno Sebastián Lelio, en la que cuenta la historia de Marina (Daniela Vega), una mujer transgénero que sufre la pérdida de su pareja Orlando (Francisco Reyes) poco después de haber iniciado su relación y haber decidido vivir juntos en un lujoso departamento, uno que puede costearse un hombre de avanzada edad y carrera profesional como es Orlando. La muerte de la pareja sentimental de Marina genera especulaciones negativas por parte de la familia del difunto, quienes, preocupados por el futuro del patrimonio de su familiar cercano y aberrados por la idea de que su estimado se haya establecido con una mujer transgénero, comienzan por acusar a Marina de ser una “busca tesoros”; una mujer que sólo fingía estimar a Orlando para después asesinarlo y quedarse con su auto y su departamento. Esta idea se plantea en los tempranos minutos del filme gracias a la intervención de una agente de policía (Amparo Noguera), quien a pesar de admitir que ha sido testigo de esa situación en el pasado, confía en la buena voluntad de Marina, mas no dejará de aplicar fríamente los procedimientos de la ley. Por otro lado, el hijo de Orlando, su ex esposa y el resto de su familia comparten la idea de avivar el sufrimiento de Marina al tratar de borrar cualquier historia que ella haya tenido con su amado, prohibiéndole la entrada a su funeral y empeñándose en destruir su dignidad de la manera más predecible que puedan. El planteamiento de la película es sencillo y termina de contarse después de 20 minutos, justo cuando te deja de sorprender.
Ahora bien, la película fue galardonada en la entrega más reciente de los Oscares como Mejor Filme de Lengua Extranjera, y fuentes de impacto internacional como The Guardian y Rotten Tomatoes (he dicho impacto internacional, la cuestión de objetividad u oficialidad siempre será cuestionable) la referencian como una de las mejores películas del año. No es para menos que cuando fui a ver la película mis expectativas eran altas. Así, después un breve vídeo de advertencia sobre las medidas a tomar en caso de sismo en la sala de cine y de que la mitad de mis palomitas grandes se cayeran, presté toda mi atención en aquello que venció a The Square en la entrega de oscares. El resultado fue devastador. No me habría importado que temblara a mitad del filme, haber tenido que salir tranquilamente haciendo caso de las indicaciones del personal del cine y ubicarme en los puntos de seguridad. Y no quiero ser fatalista, hay mucho que reconocerle, Daniela Vega es el rostro de un prometedor futuro hacia la integración de la comunidad transgénero en la creación de filmes taquilleros, especialmente si se considera que esta comunidad no es reconocida dentro de la ciudadanía de Chile, así como la justa búsqueda de equidad para las mujeres y las minorías, que no deja de bullir día con día. Pero seamos francos, Jared Leto es un mejor transexual. Lo digo basándome en su verosimilidad como actor, y en consecuencia, en el nivel de involucramiento que transmite su personaje hacia y con el espectador. Pero claro, no todo es culpa de la actriz. El insípido desarrollo del personaje principal no es consecuencia sólo de su desempeño y la consistencia de su carácter; debemos considerar las situaciones en las que es puesto el personaje, el desarrollo de la narrativa, su complejidad, giros y sorpresas, conceptos que en esta fantástica aventura dejan mucho que desear. Conceptos mediocres que son consecuencia de la dirección y escritura de la película.
Después del planteamiento de la historia, vemos una hora y media del sufrimiento de Marina a causa de la violenta y aversiva reacción de la sociedad ante su transexualidad, aderezada por su necia actitud ante las dinámicas familiares de la cerrada familia de Orlando. Vemos algunos clichés de la desesperación femenina típica de filmes independientes, con “atrevidos” giros surrealistas y metáforas visuales más obvias que los aburridos encuadres de Marina caminando (si algo me quedó claro es que a Marina le gusta caminar ensimismada en sus pensamientos a todos lados y el director quiere que lo sepamos). Desmenuzaré esta última idea de la siguiente manera: hablo de clichés como el de la mujer desconsolada y deseosa de explotar sus frustraciones a través de su energía sexual con quien se presente primero, siempre que sea en un antro con música estridente y mucho alcohol de por medio. El final surrealista de la escena que describo, en la que se muestra el declive moral de la protagonista después de ser corrida del funeral de Orlando y termina con una coreografía y la levitación de Marina dirigiéndose a la cámara, muy a la Grease, me parece totalmente fuera de lugar si consideras que, hasta este momento, la película no se molesta ni siquiera en guiñar hacia ningún recurso conceptual excéntrico, por lo que deviene en una incómoda piedra que cae durante una narrativa plana y melodramática. Y claro que no olvido las visiones del fantasma de Orlando, como si esto pudiera considerarse excéntrico, qué simbolismo tan original ¿no lo creen? se siente como si a una telenovela latina con encuadres más diversos se le hubiera ocurrido filmar una escena con una olvidable coreografía, una iluminación y edición de color espectacular y un soundtrack de porquería después haber visto el vídeo musical de It’s Oh So Quiet de Björk, pacheco. Descifrar la escena donde un ventilador gigante y un montón de hojas secas dificultan el andar de Marina, impidiéndole avanzar, no es, como suele decirse, rocket science.
Corríjanme si me equivoco pero la iluminación juega con la idea del arcoíris ¿cierto? Porque la paleta de colores está por todos lados. Es casi incomprensible.
La película es difícil de ver para quien espera ver triunfar con dignidad enaltecida a Marina. Diría que todo en ella es predecible, pero debo admitir que me sorprendió cuando utilizó, o mejor dicho, los escritores la hicieron utilizar, sus superpoderes transgenero al hacerse pasar por un hombre y entrar al ex-baño turco de Orlando para descubrir que… ok, guardaré un poco de sorpresa para ti si es que no has visto la película. No me sorprendería que muchos hayan dejado de leer a estas alturas.
El final es problemático en el peor sentido de la palabra: un close-up al rostro de Marina a mitad de su recital de opera me hace preguntarme si ella de verdad disfrutaba de cantar ópera o si lo suyo era la salsa. Con este animo podría listar por varias cuartillas todo lo que encuentro despreciable en la película, pero lo que me deja con peor sabor de boca es el sentimiento de jamás haber conocido a Marina, cosa que me hubiera gustado mucho, por lo menos esto habría argumentado mejor sus acciones. La deja como la mujer transgénero (o simplemente como la mujer) que sufre. Ahora, que todo mundo diga que es buena no me sorprende en lo más mínimo, finalmente los líderes de opinión siempre están sujetos a política, por lo que criticar la mediocridad del filme sería ponerse una soga al cuello cuando se saben con la potencial atención de la comunidad LGBTTTQI y del ojo público en general. En ese sentido no está mal aplaudir y difundir la película siempre que la idea sea procurar el desarrollo de ideas que integren la diversidad dentro de nuestra cultura, del mismo modo que no está mal escribir sobre su falta de contenido. Si se trata de igualdad hay que atenerse a elogios y calumnias, siempre que existan fundamentos firmes. Por último, con afán de no parecer incoherente y porque honestamente quiero hacerlo, invito a cualquiera a ver esta película y formar su propia opinión al respecto, así como advierto que no se sorprendan si alguien les dice que es buena sólo porque admitir que es mala sería incómodo.
UPDATE: aquí hay algunos otros premios que se llevó la película.

Juan Pablo Morales es un sujeto de
22 años, mexicano, moreno y heterosexual. Pasante en la licenciatura en Restauración
y ferviente admirador del arte y Family Guy.
i really needed this today, so for anyone else who might
Thanks I needed this also. I’ll pass it on
Just the Rock blessing your feed
Thanks, Mr. The Rock.
(via ruinedchildhood)
DUO pp. XVIII & XXX